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NFL – La jugada que cambió la historia de la liga

La NFL tiene una imagen recurrente ante la imposibilidad para un equipo de cambiar un resultado en un partido: formación victoria, el quarterback se arrodilla y el tiempo cumple su compromiso en el último cuarto. Si bien hoy es una tendencia en cualquier estadio, una jugada en 1978 forzó esta innovación, incluso con la modificación del reglamento, gracias a Herman Edwards, quien selló el “Milagro de los Meadowlands” y otro capitulo, quizá el más recordado, en la rivalidad entre los Philadelphia Eagles y los New York Giants. 

En la semana 12 de la campaña del 78, los Giants hicieron un partido impecable por tres cuartos con una ventaja parcial de 17-6 entrando el último cuarto y si bien los pupilos de Dick Vermeil se acercaron con un touchdown en el último cuarto y en lo que parecía ser la serie que definiría el resultado, en primera oportunidad, la defensiva de los Eagles cargaron sobre una línea ofensiva carente de fuerza dado el contexto de la jugada. 

Ante la afrenta, los Giants optaron por finiquitar el resultado con una jugada compuesta de una entrega de balón al Salón de la Fama, Larry Csonka, quién sellaría un par de yardas y el cierre de oportunidades por el reloj. Los emplumados, por otro lado, embistieron con un blitz de los 11 jugadores, lo que permitió al esquinero Herman Edwards acercarse a la línea de scrimmage, en lugar de ubicarse en las exteriores al menos a cinco yardas del balón al inicio de la jugada. 

Al inicio de la jugada, el mariscal de campo de los Giants, Joe Pisarcik, sufrió un lapsus de atención en el que no pudo observar la posición del mítico fullback, otrora jugador de los Miami Dolphins de la temporada perfecta de 1972 y llamó el balón, que desde el centro se mostró inestable y al momento de entregarlo a Csonka, el ovoide golpeó su cadera y el balón terminó en el suelo, con el bote favorable a Edwards quien pese a tropezarse en su esfuerzo por recuperarlo, lo pudo tomar y llevarlo a la zona de anotación ante la mirada atónita de propios y extraños en el Giants Stadium en New Jersey. 

Si bien el impacto no fue inmediato, este enfrentamiento fue el punto clave de debate antes de la temporada de 1987, cuando los dueños aprobaron el cambio de reloj de jugada de 30 a 40 segundos y la posibilidad para cualquier equipo de hincarse y que esto cuente como jugada por tierra para consumir tiempo. Desde entonces, el milagro parece cerrarse ante la necesidad de sellar el gran objetivo del juego: ganar. 

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